Archivo Nocturno · Criaturas y avistamientos

Las huellas de Fremantle: lo que camina en la noche portuaria

Relato de ficción: los personajes, lugares y hechos son inventados.

Las huellas de Fremantle: lo que camina en la noche portuaria

El puerto de Fremantle, con sus muelles de piedra colonial y sus almacenes decimonónicos que albergan historias de naufraguios y contrabando, ha sido testigo durante más de tres años de un fenómeno que desafía la lógica de los naturalistas locales. Comienza siempre igual: un trabajador del turno nocturno, frecuentemente empleados de los depósitos frigoríficos que rodean el South Quay, encuentra en la arena mojada o en el asfalto mojado huellas que no corresponden a ningún animal catalogado en Australia Occidental. No son de dingo, no son de cocodrilo, no son de marsupial alguno. Las autoridades del Departamento de Biodiversidad han rechazado cada reporte con explicaciones que nadie encuentra convincentes.

Las huellas presentan una característica que ha comenzado a circular en susurros entre los marineros que aún frecuentan Fremantle: cinco dedos dispuestos en un patrón casi digital, pero los garfios —si es que pueden llamarse así— no dejan marcas de retracción propias de felinos. Miden entre dieciocho y veinticuatro centímetros de largo. Lo más inquietante es su distribución: aparecen en series que sugieren un desplazamiento bípedo o cuadrúpedo alternado, como si la criatura cambiara de postura sobre la marcha. A finales de marzo, un empleado de mantenimiento de los almacenes refrigerados fotografió una hilera de veintitrés huellas que atravesaban el muelle Este en línea casi perfecta, antes de desaparecer abruptamente en una zona sin superficie que dejara impresiones. La imagen circuló en grupos privados de Facebook antes de ser eliminada bajo presión de las autoridades locales.

El testimonio que cambió todo

En mayo de 2023, un capitán jubilado de barcos de carga llamado en los registros como "C.M." presentó un relato ante la oficina de patrimonio cultural de Fremantle. Afirmaba haber visto, durante una caminata nocturna por Bathers Beach, una silueta oscura que se movía con agilidad imposible sobre las rocas. Describió una criatura de aproximadamente metro y medio de altura, con lo que parecía ser una piel o pelaje de tonalidad grisácea. Lo más perturbador de su descripción no fue la criatura en sí, sino su forma de locomoción: trepaba por los acantilados con una fluidez que recuerda más a un primate que a un animal australiano. El capitán entregó esquemas de las huellas que había encontrado semanas atrás. Su patrón de dedos coincidía exactamente con los hallazgos posteriores reportados por trabajadores portuarios.

Las huellas han cesado durante los últimos cuatro meses. Sin embargo, trabajadores de noche en los depósitos frigoríficos cercanos a Pacifico Street reportan escuchar sonidos irregulares contra las estructuras metálicas: rasguños que ascienden y descienden, como si algo sintiera curiosidad por lo que hay dentro, explorando metódicamente cada rincón. Los oficiales de seguridad nocturna prefieren no investigar directamente estos ruidos. Fremantle, puerto de piratas y historias sumergidas, ha sumado ahora otro misterio a sus leyendas: las huellas que nadie puede explicar y la certeza de que algo camina en las sombras cuando la ciudad duerme.

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