En las noches sin electricidad del antiguo barrio amurallado de Lahore, cuando los apagones programados sumen las callejuelas en una oscuridad casi táctil, los comerciantes que duermen sobre sus puestos en la Badshahi Bazaar reportan el mismo fenómeno: una figura que se desliza entre los muros de adobe, visible solo cuando la luz desaparece. Los lugareños la llaman "Andhera-ka-Prani"—la criatura de la oscuridad. Durante más de dos décadas, los testimonios han sido consistentes, aunque nunca se ha capturado evidencia confiable de su existencia.
Los relatos comienzan siempre igual. El apagón llega alrededor de las 22:00 horas, cuando la compañía eléctrica local desconecta sectores para racionar energía. En esos primeros minutos de oscuridad absoluta, algunos transeúntes juran escuchar un sonido como de tela rasgada, seguido por una respiración profunda que no proviene de ningún ser visible. Quienes se atreven a iluminar el área con linternas no encuentran nada. Pero cuando apagan nuevamente la luz, la respiración regresa. Trabajadores nocturnos y guardias de seguridad en el sector reportan una sensación de ser observados, de que algo se mueve en los intersticios entre las tiendas cerradas, algo que posee peso y presencia pero permanece imperceptible ante cualquier fuente luminosa.
El patrón inexplicable
Lo inquietante no es solo la consistencia de los avistamientos, sino su especificidad temporal. La criatura —sea lo que fuere— no aparece durante los cortes accidentales de energía ni en noches nubladas donde la luz lunar es débil pero presente. Solo durante los apagones programados, en esa oscuridad industrial y total, la presencia se manifiesta. Investigadores paranormales que visitaron la zona sugieren una conexión con la energía eléctrica misma: tal vez la criatura es un parásito interdimensional que habita en los espacios que la electricidad deja vacíos. Otros, más escépticos, proponen que el patrón refleja simplemente el aumento de personas despiertas durante los apagones, mayor atención a ruidos ambientes, susceptibilidad al miedo colectivo.
Lo que nadie puede explicar es lo que sucedió hace tres años, cuando una falla eléctrica extendida dejó el Walled City a oscuras durante dieciocho horas. Durante ese período, tres vendedores de frutas fueron encontrados en estado de shock, incapaces de describir qué habían visto, sollozando en urdu: "No tiene forma. Cambia. Está hambriento." Desde entonces, el comercio nocturno en la Badshahi Bazaar ha disminuido considerablemente. Muchos propietarios han instalado generadores privados. Otros simplemente cierran cuando llega la hora del apagón programado.
Hoy, mientras la compañía eléctrica planifica la expansión de su red para reducir futuros cortes, los ancianos del barrio advierten que la expansión podría despertar algo más profundo. "La oscuridad es su hogar," dice un tendero que prefiere permanecer anónimo. "Si le quitamos la oscuridad, no sabemos dónde irá." La noche siguiente al apagón, probablemente, traerá nuevos testimonios. Y en los rincones sin luz de Lahore, algo seguirá respirando.