El Puente de Santa Fe no aparece en los mapas turísticos de Guanajuato, aunque cualquier residente local puede señalarlo sin dudarlo: un arco de piedra colonial que conecta la Calle Positos con el antiguo barrio de Marfil, suspendido sobre un barranco cubierto de niebla durante las noches. Los historiadores lo datan del siglo XVIII, cuando la ciudad era un centro minero de plata que atraía a comerciantes, jugadores y criminales de toda Nueva España. Hoy, lo conocen como el Puente de las Tres Campanas, aunque nadie recuerda con certeza por qué.
Las historias comenzaron a proliferar en los años sesenta, cuando un trabajador del ferrocarril desapareció cruzándolo a las 12:47 de la madrugada. La policía local encontró su gorro en la mitad del arco, pero ningún cuerpo en el barranco. Semanas después, una estudiante de la Universidad de Guanajuato intentó acortar su camino a casa usando el puente después de un concierto en el Teatro Juárez; su compañera de cuarto la esperó hasta el amanecer. Desde entonces, los reportes se multiplicaron: taxistas que rechazaban llevarte a ese lado de la ciudad pasada la medianoche, comerciantes que cerraban sus tiendas antes del anochecer, y ancianos que se persignaban al pasar cerca. Todos compartían una advertencia: cuando las campanas de la Catedral suenan para la medianoche, el puente "cambia".
El Expediente sin Resolver
Los relatos varían, pero contienen patrones inquietantes. Algunos afirman que el puente se alarga en la oscuridad, que lo que debería tomar dos minutos cruzar se convierte en una caminata interminable hacia la nada. Otros juran haber visto figuras sin rostro paradas en la barandilla de piedra, esperando. Una leyenda particularmente perturbadora menciona a tres mujeres vestidas de blanco que preguntaban la hora a los transeúntes nocturnos; quienes respondían desaparecían antes de llegar al otro lado. El número de desapariciones registradas en la zona entre 1962 y 1998 asciende a diecinueve personas, aunque las autoridades nunca conectaron oficialmente los casos.
Hoy, el Puente de Santa Fe permanece abierto, pero prácticamente abandonado después del atardecer. Los autobuses que antes pasaban por allí fueron redirigidos hace décadas. Los pocos turistas que lo descubren durante el día suelen ser fotografiados con sus teléfonos móviles; por la noche, el lugar se hunde en un silencio absoluto interrumpido solo por el viento que atraviesa el barranco. Los lugareños siguen cruzando por la Avenida Mineral de Valenciana, aunque añada treinta minutos a sus trayectos. Cuando se les pregunta por qué, simplemente dicen: "Después de medianoche, el puente no lleva a Marfil. Lleva a otro lado". Y ninguno de ellos especifica adónde.